27.2.08

Y con todos ustedes: BLANCA

Blanca completa el trío de habitantes de nuestro pueblo. Es sin dudas nuestra guía y compañera de aventuras. Nacida en la zona y con tintes salvajes se conoce toda la montaña con lujos de detalle. Amigos desde el primer momento que nos conocimos, Blanca (más bien amarilla en la nieve) nos acompaña en todos los recorridos llueva, truene o nieve.


Cariñosa, simpática y como podrán ver: la perra más fotogénica del mundo. Ya subiremos más fotos de este cuadrúpedo todo peludo.

Nos pilló un capullo!



Estábamos en la cima del famoso castillo de Morella, pueblo medieval muy pero muy bonito. Creíamos estar solos. Ya no se puede tener intimidad. Maldito Cabrón!

Maestro cocinero

En el hotel funciona un restaurante que sin dudas es lo más sobresaliente del lugar. Ambiente agradable, música, buena atención (osea Leo), pero sin dudas la comida se lleva todos los aplausos. Resulta que atrás en la cocina está Carlos haciendo de las suyas. Este premiado cheff, jefe, cómplice, amigo y compañero de experiencias cocina literalmente como los dioses. Entre sus ollas y sartenes aparecen comidas típicas de la zona, revueltos, ensaladas exóticas, todo tipo de carnes (jabalí, ciervo, conejo), paellas, estofados, salsas, etc etc. Nosotros los catadores estamos más que felices ya que ni cocinar necesitamos. Como diría el gran Homero: MATANGA!

No queríamos dejar afuera del blog a uno de los personajes más importantes de esta historia y obviamente aclarar que sin la ayuda de Ana no sería lo que es.

Todo tipo de caras o todas las caras de este tipo



La Senia es el primer pueblo que encontramos luego de viajar y bajar 30 km. por la montaña. Carretera angosta y sinuosa por excelencia. Apróximadamente 40 minutos para llegar a este lugar de pocos habitantes y otros dos minutos para llegar al bar de Xavi, sin dudas el más conocido de la zona donde todas las tardes se juntan grandes personajes pueblerinos a jugar a las cartas. Este es uno de ellos.

20.2.08

Corachar, el último pueblito

El hotel está ubicado en la Tinenza de Benifassá, es una pedanía (no llega ni a pueblo) llamada Corachar a 1300 metros de altura. Se encuentra en la provincia de Castellón en la Comunidad Valenciana. La Tinenza de Benifassá es toda una región en zona montañosa que fue poblada desde hace muchos años (sin ir más lejos la iglesia Sant Jaume que está en nuestro pueblito es del año 1200 aproximadamente) por los católicos de la época, son en total siete pedanías separadas por unos cuantos kilómetros. Nosotros estamos en el último y más alto de todos.

Corachar tiene mucha fauna: cabras hispánicas, jabalíes, zorros, ardillas, muchas especies de aves entre las cuales se destacan las águilas. Obviamente nos olvidamos de muchos otros animales. El pueblito también tiene unos cuantos habitantes: Ana, Leo y Blanca (foto), osea dos humanos y un cánido. Tres calles por dos que cruzan, una mini plazoleta, casas de fin de semana y la iglesia que antes habíamos comentado (foto: de noche y nevando).

Nuestras actividades dentro del hotel son varias. Básicamente nos encargamos que el hotel funcione. Por suerte es simple ya que funciona sólo los fines de semana. Tenemos un sueldo fijo cada uno y manutención completa. Esto significa que tenemos a nuestra disposición las cámaras del restaurante para comer y cocinar lo que queremos en el momento que queremos. Además de un cheff de la puta madre que cocina como los dioses, pero de eso nos vamos a encargar en las próximas entradas. Ah! y una furgoneta para que nos movamos sin ningún problema.

Les recordamos que haciendo clic en la foto se puede agrandar y que la página del hotel para ver las instalaciones (es de tres estrellas) es: www.corachar.com

Vendiendo Buzones

Luego de unos días conseguimos un trabajo por comisión en un centro comercial en la zona sur de Madrid. Básicamente teníamos que vender productos "medicinales" y cosméticos provenientes del Mar Muerto. Nos imaginamos que no hace falta aclarar que era todo una truchada pero nosotros hicimos caso omiso y le dimos para adelante. Estábamos en un stand y "atacabamos" a la gente diciendole "¿¿¿usted tiene uñas naturales???" "¿me las deja ver?" y ahí sacábamos una lija rectángular de carpintero y sin ningún tipo de escrúpulo le empezabamos a limar las uñas con el "PULIDOR MEDICINAL DEL MAR MUERTO" En pocas palabras vendíamos nada por mucho dinero. Increíblemente la gente compraba y ganamos unos buenos Euros.

En ese momento nos dimos cuenta lo deshinibidos, desvergonzados y buenos vendedores que somos los Argentinos. Trabajando a la par con los judíos que provenían directamente de Israel (¡inclusive vendíamos más!) Una buena experiencia pero muy agotadora así que decidimos cambiar apenas tuvieramos otra oportunidad. Así se dio. Nos llamaron desde la montaña para trabajar en un hotel (foto) a 1300 metros de altura.

5.2.08

Vendedores Ilegales - Videos

La historia empieza cuando Ana se acuerda de un contacto que tiene para comprar cueros de carpincho en Argentina. Hacemos las tratativas, compramos bastante mercaderia (de muestra y para vender) y lo traemos. El tema es que para vender se necesita un permiso o un puesto donde ubicarnos, obviamente como no lo teníamos y no lo ibamos a tener nos las ingeniamos para hacerlo de manera un poco menos convencional (por no decir ilegal).

Armamos un puesto móvil. Caja, mantel, productos, Ana y Leo. De aca para allá cada vez que se nos acercaba la policía. Finalmente nos agarraron, no tuvimos en cuenta una salida por donde aparecieron. Duramos 3 o 4 horas. Vendimos entre 30 y 40 euros. No es mucho pero nos divertimos bastante.

PRIMER INTENTO FALLIDO (Atentos a la risa de Ana, una falta de respeto)




¡PRUEBA SUPERADA! (Increíble pero real, cuando aparecía la policía desarmábamos el puesto en 8 segundos y nos perdíamos entre la gente. Lo hicimos entre 5 y 6 veces)



La semana que viene publicamos el último video de la trilogía. ILEGALES EN ACCION (Un puesto con un éxito fugaz).

Casi como en Buenos Aires

Finalmente recibimos la llamada para empezar a trabajar en la Hostería. Teníamos que empezar al otro día, todo bien si no fuera porque nosotros nos encontrabamos en Madrid y el lugar de destino en la punta de la montaña, literalemente. Tuvimos que dejar nuestro trabajo, salir corriendo a comprar el pasaje, dormir cuatro horas, dejar la habitación que estábamos alquilando, cargar cinco valijas, dos notebooks, un bolso y un peluche gigante. Básicamente una pavada. Hicimos todo bien, sólo nos falló nuestra intuición horaria argentina. El tren que tenía que salir a las 9 en punto, salió a las... 9 (en punto), una falta de respeto ya que nosotros llegamos cinco minutos después con la ilusión de que nos esperaría... como en Buenos Aires.

Gracias a esto tuvimos que retrasar nuestra llegada a Valencia y nuestra partida desde Madrid. Pasamos un bonito día en los alrededores de la estación donde casualmente se encontraba el famoso Museo del Prado con una cola enorme de gente, la cual tuvimos que sortear con gran ingenio argentino.

La llegada de Ana

La decisión de separarnos por un mes si bien fue acertada para algunas cosas (tantear como está todo, buscar lugar donde vivir, ahorrar plata, etc) no se justificaba en otra fundamental, estar separados. 30 días y algunas horas fue el total de la interminable espera. Hasta que finalmente sucedió. 1º de Noviembre, 18:30 horas, entre ramo de flores, alguna que otra lágrima tímida e infaltable nudo en el estómago: llega Ana a Madrid. Otra historia comienza.